Aquel que arrojaba tierra en los plenos, el mismo que presentaba candidaturas cada cuatro años con cualquier partido y que lo único que perseguía era ser la llave del Ayuntamiento para lograr sus fines; por fin, este verano, cogerá sus últimas vacaciones como concejal de Benidorm.
Y el hecho es dramático. Es muy dramático porque este tipo no sólo ha engañado y traicionado indignamente a sus compañeros de lista del partido que lo acogió, y en el que era militante de carné, sino que tras la moción, comprendimos todos que lo único que ansiaba era el sillón, un sillón donde aparentar lo que el pueblo siempre le ha negado.
A tapiceros, a funcionarios, a políticos, a periodistas y a cualquier ciudadano nos gustaría ver el estado actual de ese sillón, en el que se sienta el Teniente Alcalde de la ciudad de Benidorm.
¿Por qué? Porque la degradación, la humillación y la deshonra que siente el noble mueble cada vez que se sienta el Sr. Bañuls es comparable a lo que sentía el mismísimo retrato de Dorian Gray al tener que sobrellevar las inhumanas acciones de su dueño.
Pero, al fin y al cabo, el drama se hace llevadero. Ahora habrá vacaciones y el sillón descasará de su actual dueño. El noble mueble disfrutará algunos días, al igual que muchos ciudadanos, disfrutaremos perdiendo de vista a un personaje que sin duda pasará a la historia como el político que se sentó en el sillón sin que el pueblo lo votase.
Ah! Sr. Bañuls, he vuelto. Te recuerdo que ya le gané el juicio a tu amigo Domenech, y ahora vamos a ser nuevamente periodistas de investigación: a ver lo que sale a la luz…
Alfonso Vilches del Castillo
