Que el máximo representante del Grupo Socialista de la ciudad cuantifique los apoyos que el traidor Bañuls está recibiendo de los ciudadanos de Benidorm es al menos desacertado. Cuando el esquirol pasa por la puerta de la sede del PSOE de Benidorm es posible que algunos le aclamen y vitoreen mientras que por la puerta de la sede del Partido Popular, no se atreve ni a acercarse. Él sabe lo que ha hecho y en la cara se le nota la cobardía que la felonía realizada conlleva.
Sí podemos percibir de la sutileza de las palabras de Navarro alguna interesada manipulación. Primero, que los apoyos verbales a Bañuls se reciben de cargos y concejales del actual Grupo Socialista; y segundo, que esos cargos y concejales son los que consideran que la traición de Bañuls está avalada por la sociedad de Benidorm. Ellos ya se ven en el poder tras la moción de censura que están preparando para septiembre.
Pero lo más lamentable de las palabras de Navarro es culpar al alcalde de la traición de un concejal de su grupo. En este mundo las acciones de las personas tienen un motivo y a quien hay que preguntarle la razón del abandono del Grupo Popular es a Bañuls. Hasta ahora han sido insulsas, frívolas y superficiales razones, como las de un adolescente con problemas de autoestima.
Basta analizar su pasado. Bañuls ya llevaba cuatro elecciones municipales intentando meter la cabeza en el Ayuntamiento como concejal. Se había presentado por tres partidos distintos e intentado colocarse en las listas del Partido Popular en dos ocasiones más. Ya en sus comienzos protagonizó un acto teatral en un pleno siendo ciudadano de a pie, donde ya se percibía la búsqueda de protagonismo de este tipo, con aquel lanzamiento de tierra al alcalde…
La suerte del esquirol ha sido encontrarse con un medio de comunicación que quiere cobrar unas facturas a toda costa y que lo va a apoyar y a manejar a su antojo. También ha tenido suerte al coincidir con un actual Grupo Municipal Socialista que ha perdido ya dos comicios electorales y que puede ser la última oportunidad de acceder al poder, aunque sea por una moción de censura. Y, por supuesto la gran baza, tener trece concejales el Partido Popular, ya que si hubiera tenido catorce concejales habría que haber visto su valentía a la hora de abandonar el grupo y poner en jaque a sus compañeros. En esa supuesta situación no tendría sentido porque no habría beneficio para Bañuls.
Es por todo ello Sr. Navarro que en el caso del traidor Bañuls, el primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca. El consuelo del traicionado es que su buena conciencia le sirve de almohada. Y el error del oportunista es inhibirse de los dictados de su conciencia. Espero que no le suceda esto último Sr. Navarro.
