jueves, 14 de octubre de 2010

33 Almas.

Aquella mañana del 5 agosto no la voy a olvidar fácilmente. Salí de casa con la misma preocupación de todos los días, la preocupación que te acompaña diariamente a uno de los trabajos físicos más duros que existe. Preocupación con la que compartes horas y horas pero que al final tu mente olvida a lo largo de la jornada...”

“Pero aquella mañana de invierno el frío que recorrió mi cuerpo al bajar a la mina junto con mis compañeros fue diferente. El último rayo de sol que vieron mis ojos produjo una extraña sensación que me inquietó desde que subí al montacargas. Fue como una despedida que no entendí.”

“Y ahora, 69 dias después, comprendo perfectamente. Hoy sé que el primer rayo de sol del 13 de octubre me produjo otra maravillosa sensación: me dijo bienvenido.”

Intentar imaginar el drama que esos 33 hombres han pasado en el fondo de la tierra, a 680 metros de profundidad, nos produce desolación, tristeza y angustia. Los momentos de sufrimiento de las familias y amigos, hasta que comprobaron que todos estaban vivos, igualmente nos producen abatimiento.

Todos los dias las noticias nos informan de sucesos dramáticos: decenas de muertos, desaparecidos, dramas humanos, atentados…desagradables noticias que los telediarios ofrecen como realidad cotidiana.

Pero esta epopeya de los mineros chilenos ha superado todas las expectativas informativas. Lo que en un principio era un drama más, se fue transformando en un reto al descubrir que todos estaban vivos.

La hazaña de mantenerlos con vida y preparar un plan de salvamento hay que agradecerla directamente a las personas implicadas en ello pero, también, a la historia de la sociedad en la que vivimos.

¿Quién le iba a decir a J. F. Kennedy que tras su impetuoso deseo de superar a la Unión Soviética en la carrera espacial en los años 60 financiaría a decenas de científicos (NASA) para que perfeccionaran la vida humana en condiciones extremas, fuera del planeta? ¿Sabía él que parte de esa tecnología iba a servir para liberar 50 años después a 33 mineros atrapados en el fondo de la tierra?

¿Y quién iba a imaginar que una red de comunicaciones del Departamento de Defensa que EEUU inventó para un posible Holocausto Nuclear, a finales de los años 50, haya posibilitado el mayor avance tecnológico en comunicaciones de la historia: Internet y la fibra óptica? ¿Sabían ellos que eso iba a servir para comunicarse 60 años después con 33 mineros atrapados a 680 metros en el fondo de la tierra?

Lo que está claro es que la salvación de estas personas ha creado entre la sociedad mundial un sentimiento de alegría, unidad y satisfacción por la realización conjunta de esta gesta. ¿Quién no ha sentido un nudo en el vientre o no se le han humedecido los ojos al ver las imágenes de los mineros saliendo de la cápsula?

Creo que sería muy beneficioso que los dirigentes mundiales tomaran buena nota de las proezas que el ser humano puede realizar; de los retos sociales que en un futuro no muy lejano deberían proponerse y, por supuesto, de mejorar la calidad de vida de cada uno de los seres humanos que habitamos el planeta. Ahora han sido sólo 33 almas pero cada uno de ellos poseía un trocito de la nuestra.

Alfonso Vilches del Castillo